Arreglo con mi esposo
Mayo 15, 2008
Me gusta tener un hombre distinto cada noche. Dicen que en la diferencia está el gusto y yo lo he podido comprobar. Solo hago trabajos a domicilio y con gente muy selecta para cuidar un poco mi imagen de mujer decente. Mientras en el día represento a la esposa ideal en la noche me transformo en la puta más complaciente. Cuando dan las nueve de la noche, mi esposo me da la dirección a la que me he de dirigir para cumplir las fantasías de mis clientes que previamente han pagado a mi marido por mis servicios.
Soy bastante cara pero es porque así mi esposo se siente más útil en nuestra
relación. Claro que lo haría gratis pero me tranquiliza saber que si él
maneja la economía hay menos riesgos de entrar en situaciones incómodas
para ambos. Mi matrimonio fué muy afortunado los primeros meses. Decidimos
no tener hijos para disfrutar la vida juntos. En la cama poníamos toda nuestra
imaginación y llevamos a cabo todas nuestras fantasías. Sabía llevarme a
donde quería y yo le obedecía ciegamente. En resumen nuestro matrimonio
marchaba muy bien. Todo empezó cuando cumplimos dos años de casados, habíamos
entrado en una etapa de monotonía y parecía que la pasión había muerto,
a menudo él salía los fines de semana con amigos y yo me quedaba sola. Intenté
hablar con él, siempre decía que iba a cambiar pero inmediatamente volvía
a lo mismo. Nunca había pasado por mi cabeza la idea de ser infiel pero
tras largos meses de frustración finalmente empecé a flaquear. Al principio
salía con alguna amiga a bailar y terminaba simplemente coqueteando con
algún hombre, pero poco a poco fuí soltandome el pelo y ya no necesité a
las amigas. De los coqueteos pasé a los asientos traseros de autos y de
ahi a los hoteles. A pesar de no ser demasiado guapa siempre había llamado
la atención de los hombres y no era raro que en la calle me lanzaran piropos
o en las discos me hicieran proposiciones indecorosas. Era experta en leer
las miradas de los hombres y sabía distinguir el deseo en sus ojos. De esta
manera transcurrieron varias semanas. Las cosas se complicaron cuando alguien
le dijo a mi esposo la clase de vida que yo llevaba. Llegó a casa un día
convertido en una fiera y rompiendo todo lo que encontró a su paso. Discutimos fuertemente, yo acepté que había tenido varios amantes en las últimas semanas
y al final él reconoció que su actitud había propiciado todo este problema.
Entonces hizo lo que todos los hombres. Prometió cambiar y volver a ser
el marido perfecto, pero las cosas habían cambiado mucho y yo no estaba
dispuesta a volver al papel de esposa sumisa así que le propuse el divorcio.
Del enojo inicial pasó a la tristeza. Prometió que las cosas serían distintas
y que nunca volvería a dejarme tan abandonada. Parecía sicero, sin embargo
algo había cambiado dentro de mi, no es que no lo quisiera pero tampoco
estaba dispuesta a dejar mi nuevo “hobie”. Entonces le dije que yo ya no
quería tener una sola pareja sexual. El pareció consternado y volvió a enojarse.
Me insultó y salió de la casa. No volvió en tres días. Su familia no sabía
nada de él y yo estaba verdaderamente preocupada. Pensé que algo malo le
había pasado. Finalmente, un día apareció, traía la ropa sucia y el semblante
de un muerto. Durmió muchas horas y después me preguntó si seguía pensando
igual. Le dije que si y que lamentaba que las cosas no pudieran ser como
antes. No dijo más y me pidió unos días para pensar. Finalmente un día cuando
volvió del trabajo volvimos a tocar el tema. Me dijo que no estaba dispuesto
a renunciar a mi, que no estaba preparado para enfrentar la vida solo y
que estaba dispuesto a compartirme. Me conmovió mucho su sinceridad y estuve
a punto de retractarme, pero no lo hice, la idea de tener tanta libertad
me gustaba. Poco a poco nuestra vida fué estabilizandose. Los fines de semana
él salía con amigos y amigas y yo frecuentaba discotecas y bares. De esa
manera pasaron algunos meses. Curiosamente nuestra relación mejoró considerablemente.
Algunas veces me preguntaba cómo me había ido y él me platicaba sus aventuras.
Después de estas charlas terminábamos haciendo el amor como en los primeros
días. Un día empecé a notarlo un poco extraño, parecía estar a punto de
decirme algo pero no se atrevía. Después de presionarlo un poco me dijo
finalmente: “No te molestes pero la verdad me excita mucho cuando me platicas
tus aventuras y te imagino haciendo el amor con distintos hombres, así que
quiero proponerte algo” Parecía estar muy nervioso pero continuó diciendo:
“Te quiero proponer que si vamos a seguir con este estilo de vida, al menos
podríamos sacarle algún provecho” “Qué quieres decir” Dije algo escandalizada
por sus palabras. “Pues quiero decir que no estaría mal que le sacáramos
jugo a esta situación. Tú disfrutas acostándote con diferentas hombres y
yo te acepto tal como eres. Solo digo que no tienes porqué hacerlo gratis”
“¿Me estas proponiendo que me vuelva una puta?” “De cierta manera lo eres”
Claro que me molesté y me levanté de mi asiento, pero la verdad es que ya
había pensado en eso y la idea me parecía muy atractiva. “Déjame pensarlo”
Dije, dando por terminada la charla. Pero no tuve que pensarlo mucho tiempo
asi que a los dos días, apenas hubo entrado a la casa dije: “Acepto” El
pareció complacido, dijo que él se encargaría de diseñar la estrategia.
Esa noche hicimos el amor con más ganas que nunca. Finalmente, al cabo de
diez días me dijo: “Bueno, ya tienes a tu primer cliente” Mi corazón empezó
a latir fuertemente. “Está bien, ¿cual es el trato?” Dije mientras me asaltaban
todas las dudas del mundo. “Te voy a llevar a esta dirección, él ya me pagó
por adelantado para evitar problemas….Es un cliente que pagó mucho, así
que tienes que hacer todo lo que te pida…..Vístete” Al decir esto me extendió
un paquete. Saqué la ropa del paquete, era ropa verdaderamente provocativa
y vulgar. Fuimos a la recámara y frente a sus ojos me desnudé. Me puse la
tanga transparente de color rosado, la minifalda azul y a blusa corta y
escotada por la que asomaban mis pechos sin sostén. Me puse las medias hasta
la mitad del muslo y las zapatillas. Me senté frente al tocador y comencé
a maquillarme. Después de una base ligera pinté mis labios de un rosa nacarado.
Delineé mis ojos un poco más fuerte de lo acostumbrado y me puse sombras
de color rosa y azul. Puse rubor y finalmente solté mi cabello. Me miré
en el espejo de cuerpo entero y ví a una mujer diferente. Me veía vulgar
y eso me gustó. Mientras mi esposo miraba abrió el pantalón y comenzó a
masturbarse. Me gustó que se sintiera excitado y me acerqué, me arrodillé,
tomé su pene con las manos y lo metí a mi boca. Mientras chupaba él me decía
cosas. “Así, mámalo con fuerza” “Tienes alma de puta, me gustaría ver cómo te cojen tus clientes” Mientras decía estas y otras cosas yo me excitaba
cada vez más. Finalmente un chorro de semen brotó y me apuré a tragarlo,
limpié con la lengua hasta la última gota y mientras él fumaba un cigarrilo,
volví al tocador para arreglar el maquillaje. Salimos rumbo a una zona bastante
retirada y después de acordar una hora me dirigí a tocar el timbre de una
puerta. Un hombre me recibió, era alto y atractivo. Saludó a mi marido a
lo lejos y cerró la puerta. Después de servir un coñac me pidió bailar para
él. Lo hice y pude notar que parecía complacido. Comencé a adoptar posiciones
provocativas. Me inclinaba ligeramente para que pudiera apreciar mis nalgas
desnudas. Tocaba mis senos y sentí que mis pezones se endurecían al contacto
de mis dedos. Estaba verdaderamente excitada y mi conchita empezó a humedecerse
pidiendo ser penetrada. El hombre estaba excitado también y yo podía ver
que su pene estaba a punto de romper el pantalón. me acerqué a él y le ofrecí
mis pechos. Levantó la blusa y comenzó a lamer mis tetas mientras acariciaba
mis nalgas. La delgada tela de mi tanga se incrustaba entre mis labios vaginales
estimulándo mi clítoris. Con una mano empezó a masajear mi conchita y mi
ano mientras con la otra recorría mis piernas. Se levantó y se quitó el
pantalón dejando al descubierto una verga inmensa. La tomé con las manos
y comencé a acariciarla. Me agaché y abrí los labios, era gruesa y apenas
pude meterla en mi boca sedienta, quería sentirla dentro de mi pero también
quería excitarlo más. Me separé y me acosté en la alfombra. Abrí las piernas
y separé un poco la tanga. Empecé a acariciarme y a meter los dedos dentro
de mi. El parecía hipnotizado ante el espectáculo. Se lanzó sobre mi pero
lo esquivé. Me fuí hasta el rincón de la estancia y de espaldas a él moví
mi trasero con lujuria. Bajé la tanga hasta las rodillas y separé mis nalgas
con las manos. Gateando, se acercó a mi y con desesperación empezó a lamer
mis piernas y mis nalgas. Su lengua ardiente empezó a explorar cada rincón
de mi trasero. Recargada en la pared alzaba mi culo lo más posible para
que pudiera disfrutar cada milímetro de mi concha y de mi culito. Sentí
que las fuerzas me abandonaban cuando me vino el primer orgasmo. Después de unos instantes empezó a penetrarme. Bombeaba con fuerza y cada vez más
rápido. Después me dí la vuelta y levanté una pierna. Sentir su enorme pene
en esa posición me parecía un sueño. Mientras mordisqueaba mis pezones uno
de sus dedos entraba y salía de mi ano. Cada tres minutos me hacía cambiar
de posición. Parecía que el haber pagado por mi le daba el derecho de cogerme
como se le diera la gana. Nadie aparte de mi marido había penetrado mi ano
y cuando mi cliente quiso hacerlo por ahí, pensé que de ahora en adelante
tendría que acceder a quien lo quisiera. Probó cada uno de mis cavidades
las veces que quiso. En un par de horas me conocía más que mi propio esposo.
Tuve al menos tres orgasmos y cuando él quiso terminar me pidió acostarme,
se montó sobre mi y comenzó masturbarse con mis tetas, tomé el pene con
mis manos y le ayudé hasta que un chorro caliente mojó mi cara. Después
de un tiempo que me pareció bastante corto, sacó la cartera y me dió una
propina. “Eres una puta fantástica, toma, te lo mereces” Guardé el dinero
y después de guardar el dinero salí a la calle donde me esperaba mi marido.
Regresamos a casa y desde entonces al menos tres veces por semana vendo
mi cuerpo a los clientes que consigue mi esposo.
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